viernes 25 de septiembre de 2009
Cómo comentar
Primero, cliquean en "comentarios". Luego, escriben lo que tienen ganas acerca de determinado texto y firman debajo. Si tienen cuenta de blogger, marcan esa opción en "comentar como". En caso de no tener, marcan la opción "anónimo".
Y listo.
Y yo chocha por saber su opinión.
¡Chao!
Riskita
(Gracias Juan por la idea, que te birlé!!)
sábado 19 de septiembre de 2009
Domingo
Delante de sus ojos se extiende un mar verde mecido por el suave viento, un horizonte vegetal que parece no tener fin. El ardiente sol de verano cae vertical sobre su nuca, arrancando sinuosos vapores del pasto. La tarde transcurre lenta y los minutos se acumulan uno sobre otro sin apuro.
Atrás, se oye el griterío de los niños, los perros ladrando y las risas de los parientes reunidos para el asado del domingo. La chacra siempre ha sido el lugar perfecto de reunión dominical. Ese día, como otros muchos antes, han disfrutado de la paz y la armonía familiar. Rueda sobre su estómago y mira sin ver las figuras que se mueven en torno a la mesa, quitando los restos del almuerzo. Actúan como una máquina bien aceitada, quitando, sacudiendo y riendo.
Esa felicidad es contagiosa y sus labios se curvan en una amplia sonrisa. Pero algo empaña ese sentimiento. Algunos recuerdos despertados por un sonido particular reptan hasta acaparar su mente y van desdibujando lo que era sonrisa. Entonces, observa a esas personas. Y sus ojos se cierran fuertemente. Y entonces, ve. Ve dos largas piernas que se acercan lentamente a su cama y una mano que comienza a acariciar pelo, su cabeza dormida. Las sábanas se van retirando…
Ya no siente el sol. El viento se levanta y caen platos, vasos; una mancha blanca se eleva mientras tres pares de manos intentan retenerla. Una solitaria y amarga lágrima se desliza hasta su boca y sus brazos acunan sus piernas.
miércoles 16 de septiembre de 2009
Para que llenaras ese espacio vacío
Y te esperé
Para que llenaras los huecos, las dudas
Y te esperé
Para que llenaras los agujeros de mi historia
Y te esperé
Para completarme
Obviamente, no llegaste
Obviamente, no.
Que el artífice olvide su artefacto
Que el artista olvide su arte
Que el padre olvide su hijo
¿Obvio? No.
Lo quiera o no, aún te espero.
Palabras
Y que lo que tengo para decirte
Salga en un todo coherente y ordenado.
Las palabras, como en mi mente,
Se agolpan, y saltan a tus oídos,
Tratan de llegar primeras,
Para que les des la importancia que cada una merece...
Hay algunas que mueren en el camino,
Otras se desvían, se pierden en los recovecos de mi garganta
O se esconden en los matices de mi voz.
Las pocas que logran su cometido son las más débiles
A pesar de todo...
No son las que cargan con mi dolor,
Mi angustia, mi rabia,
Mis razones, mi amor.
Entonces, no es tan relevante
Lo que escuchás;
No es lo que grito
Sino lo que callo
Aquello que me tortura,
Que me desvela,
Que no me deja respirar
Y que intento que entiendas...
Pero no puedo explicarte todo,
No quiero tener que explicártelo
Porque es imposible describirte con palabras
Exactamente lo que siento,
Desnudar mi alma,
Mostrartela con todas sus virtudes e imperfecciones
Y lograr que comprendas
Qué fue lo que hiciste, o que no hiciste
(peor aún);
por qué me molesté y todo lo demás.
Omnipresente
Cuatro y cuarto de la madrugada y yo sin dormir, recordando, como ayer, como siempre, todo lo que vi, oí, olí, toqué, degusté durante este día. Doy vueltas en mi cama, insomne, como desde hace quince años, desde ese martes fatídico en el que me di cuenta de que no podía olvidar. Las exactas palabras de Lucía dejándome parado en la estación de trenes me persiguen hoy y lo harán para siempre. “Me ahogás, necesito estar sola, encontrarme conmigo misma, ¿entendés?”. Después de quince años de darles la vuelta, para un lado, para el otro, del derecho, del revés, sigo sin entender. Cada detalle de esa tarde está grabado en mi mente: su pelo revuelto, la solitaria lágrima en su mejilla y el nervioso reloj de su muñeca. El apuro de los que terminaban su día y el desgano de los que no querían volver a casa. El olor a sudor del día de trabajo y el vocerío de los grupos de estudiantes. También estoy yo en esa imagen; pero no soy yo sino un amasijo de sentimientos revueltos: sorpresa, desesperación, enojo y deseo… Aún en ese momento no pude abstraerme de su belleza, de lo que sus ojos provocaban en mí.
Cinco menos cuarto y Lucía acá conmigo. Quince años y no logro desprenderme de esa sensación que me arrebata cuando la veo, la imagino en mi cabeza. A partir de ese instante en que se convirtió en un borrón corriendo el tren mi mente se niega a olvidar. Malos, buenos, mejores, peores, sublimes, patéticos, vergonzosos o dignos, me es imposible deshacerme de los recuerdos. No me protege el olvido, me acorrala la presencia.
Casi las seis. El cielo aclarándose lentamente, el estruendoso piar veraniego y arriba otra vez. Para ver, oír, oler, tocar y degustar, con ella a mi lado, omnipresente.
Espejo
Toc, toc. El golpe. Toc, toc, otra vez. Se levantó de la silla, dejó el libro a un lado. Toc, toc; salió apresurada de la habitación. Toc, toc. Bajó las escaleras, salteándose los escalones Toc, toc. Era aquel sonido, toc, toc, el mismo de todas las noches. Toc, toc. Llegó a la puerta toc, toc, y como para un ritual toc, toc, se preparó y toc, toc, la abrió.
Y la vio, por primera vez como siempre. Entonces, la cachetearon los recuerdos. Cada momento vivido, las pocas risas y los muchos llantos y las oportunidades desaprovechadas y la juventud, que creía eterna, perdida… La invadieron esos ojos ajados, la sonrisa marchita, el alma enmohecida. Y sintió frío. Y al igual que cada noche, se resignó. Dejó de contemplar su imagen, cerró la puerta y escalón por escalón, subió.
No voy
No quiero decirte al oído
Secretas palabras
Ni quiero pegotearme en acarameladas metáforas,
Rezumando dulzura por los renglones
Solo voy a decirte
Que me gusta estar a tu lado
Y nada más...
